Vemos que existen una serie de manchas de sangre distribuidas por las regiones frontal, temporoparietales y parietooccipitales. Todos los autores están de acuerdo en que se trata de lesiones provocadas por objetos punzantes a nivel del cuero cabelludo que, debido a su gran número, le produjeron una hemorragia múltiple y un agudísimo dolor (el cuero cabelludo, las sienes y la frente presentan una riquísima inervación sensitiva proveniente de ramas del V par craneal o trigésimo y de los nervios occipitales. La zona de las sienes y de la frente tiene una sensibilidad cutánea semejante a la punta de la lengua).

¿Qué tipo de objeto u objetos pudieron entonces provocar estas lesiones? Lo primero que apuntaron los estudiosos es que estas lesiones son explicables porque la cabeza del hombre de la Síndone estuvo cubierta por un casco o capacete de espinas o púas. Los experimentos médicos realizados al respecto confirmaron esta hipótesis.

De este modo, Sebastiano Rodante, de la Universidad de Siracusa, realizó la siguiente experiencia: cogió una calavera y la revistió de una especie de plastilina de unos cinco milímetros de espesor para simular las partes blandas de la cabeza, y acto seguido cogió después espinos mediterráneos, de los áridos campos de Siracusa y, entrelazando unas ramas, confeccionó una burda corona que encasquetó sobre la calavera.

Según el relato evangélico, asestó varios golpes a la corona, y comprobó estadísticamente que su experiencia concordaba con las huellas de la Síndone. Las espinas desgarraron el revistimiento de plastilina en trece puntos en la parte frontal y en una veintena en la parte occipital, o sea, casi el mismo número que se puede contar en la Síndone (Sindon, n. 24). Hay que decir que, puesto que no se ha grabado la parte lateral del cuerpo, el número ascendería a unas cincuenta.

No conviene olvidar, en cuanto a fisiopatología vascular se refiere, que cuando se pincha una arteria o una vena y se retira el pincho, la sangre seguirá saliendo hasta que la vasoconstricción y el proceso de la coagulación forme un trombo y tapone la herida. Pero si el pincho continúa clavado, éste actúa de tapón, bloqueando la salida de sangre. A poco que se mueva mantendrá la herida abierta y la hemorragia continuará. De este modo, en el caso de una vena, se produciría un flujo de sangre lento pero continuo facilitado por las contracciones dolorosas de los músculos frontales (por ejemplo); si, por el contrario, se tratase de una arteria, la contracción esfígmica por el pulso produciría un movimiento en el lugar de la perforación que impediría el cierre de la herida.

La parte occipital se presenta fuertemente castigada, como si la corona de espinas hubiera sido continuamente frotada y apretada contra la cabeza. Ello hace suponer que el hombre de la Síndone, si fue Jesucristo, llevó la corona durante el camino del Calvario y también en la cruz, añadiendo mayor suplicio. También nos corrobora este dato el que se distingan nítidamente los coágulos de la nuca, pues, si no hubiera llevado la corona durante el camino al Calvario y en la cruz, las caídas y la continua fricción contra el patibulum hubieran deformado los coágulos. De esta forma la propia corona sirvió de protección para éstos evitando que el patibulum los aplastara. Tampoco se hubieran formado esos coágulos tan nítidos si le hubieran quitado la corona antes de crucificarlo.

Quisiera llamar la atención sobre un coágulo en particular, situado en la región frontal, por encima del arco superciliar izquiero, que ha sido objeto de especial atención y se le ha llamado “el sello de la autenticidad” por el Dr. Pierre Barbet. Se deducen de su estudio aspectos muy reveladores:

+ En primer lugar, tiene una forma peculiar que llama enseguida la atención, como una épsilon (en el lienzo) y como un 3 (en el negativo). No presenta un descenso rectilíneo, sino ondulante, como siguiendo ciertos obstáculos en su trayectoria. Son posibles tres causas para ello.
– Arrugas de la frente, por espasmo doloroso del músculo frontal, que se mantuvo contraído hasta la muerte.
– Algunas ramas espinosas que dificultaban la trayectoria del mismo; de hecho, presenta este coágulo una parada en el descenso seguramente debida al manojo de juncos o cuerda que ceñía la corona y que ha condicionado cierta separación del coágulo inicial.
– Movimientos de inclinación de la cabeza durante la permanencia en la cruz.

+ Características de sangre venosa (que lo diferencian claramente de los coágulos de sangre arterial de la sien derecha, por ejemplo, la lesión de la rama frontal de la arteria temporal superficial) típicamente densa, de tinte uniforme, homogéneo, opaco y oscuro. La espina claramente ha lesionado la vena frontal o supratroclear, que drena la zona media de la frente y se une a la vena angular, la cual a su vez drena la vena facial y ésta, finalmente, la yugular interna.

+ Puesto que se trata de un coágulo venoso, con un flujo lento y continuo, esto nos puede ayudar a entender su morfología. La sangre necesita unos minutos para su coagulación; por eso, sólo una pequeña parte de la misma se coagula en la proximidad de la herida. Según continúa el flujo de sangre y se aleja de la herida, mayor es la cantidad de la misma que se coagula; de este modo, si se mantiene el flujo sanguíneo, se irán aacumulando coágulos unos encima de otros en estratos sucesivos. Se deduce de esto que la cantidad de coágulo es más espesa y ancha cuanto más alejada esté del origen de la herida. Esto se hace aún más evidente si, como en nuestro caso, ha habido un obstáculo.

+ Resumiendo: el coágulo es menos ancho y menos espeso junto a la herida; conforme se aleja del jugar de incisión, se hace más espeso y ancho (nivel medio o segundo semibucle del 3). También, debido a las sucesivas oleadas de sangre que se fue acumulando en este obstáculo que era el manojo de juncos o la cuerda, se formó esa gota gorda sobre el arco supeciliar izquierdo, que presenta las mismas características que el anterior, o sea, mostrarse más estrecho al inicio y más ancho al final.

+ Es posible que este coágulo se formaría al principio de ponerle la corona, secándose progresivamente, ya que, aunque es probable que le quitaran la corona y se la volvieran a poner en varias ocasiones para desnudarlo y vestirlo, el coágulo no se volvió a afectar.

Como observación personal, creo que el coágulo en forma de lágrima, que se encuentra sobre la ceja izquierda y que tuvo que salvar el obstáculo antes mencionado, se formó más tarde que el 3; o si no, por lo menos de una manera más lenta y progresiva. Si nos fijamos con detención en él, veremos que hay como una especie de islote más oscuro (si miramos el negativo) dentro del coágulo en la parte más inferior. A mi entender, creo que este coágulo se mantuvo en formación durante todo el tiempo que duró la agonía, la tardanza en su formación se explica por los obstáculos encontrados en su camino y por la distancia del mismo origen de la herida. Los estudios realizados por el Dr. José Delfín Villalaín sobre el Sudario de Oviedo parecen concluir que éste se colocó sobre el rostro estando aún el cuerpo colgado en la cruz.

Pues bien, si este coágulo siguió formándose hasta la muerte (aunque las heridas dejaran de sangrar tras pararse el corazón, habría aún sangre que gotearía entre las espinas), los estratos sucesivos se habrían ido acumulando según fueran salvando el obstáculo. Aquí es donde quiero llegar: los últimos estratos no se secaron del todo, por consiguiente veo dos opciones; una, que alguien enjuagó el rostro del hombre de la Síndone durante el camino al suplicio y se llevó parte del coágulo aún sin secar, y dos, que al ponerle el Sudario [ éste se distingue de la Síndone, que sería una pieza más grande y que cubriría todo el cuerpo ] sobre el rostro después de muerto y según la explicación anterior, fue éste quien se llevó parte del coágulo. En cualquier caso, sea cual sea la explicación, a ese coágulo le falta una parte y es posible que en otros haya ocurrido un fenómeno similar. Esto nos demuestra que, en algún momento del proceso de la crucifixión, el rostro del hombre de la Síndone estuvo en contacto con un paño que arrastró parte de los coágulos aún sin secar. Personalmente me inclino por la segunda explicación.

En palabras de Francesco Zoara: “Esta famosa gota de sangre que descendió sinuosamente por las arrugas de la frente y se coaguló en el fondo formando un grumo circundado por un halo de suero, es tan real, tan imposible de pintar, que él solo es un sello de la autenticidad de la Síndone”.

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