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En 1981, el equipo STURP [Shroud of Turin Research Project], compuesto por un grupo de más de 30 científicos y expertos (puede consultarse la lista de investigadores aquí), que había examinado la Síndone en 1978 durante 120 horas, publicó su informe final:

No se han encontrado en las fibras ni pigmento, ni pintura, ni tinte. Los análisis de las fibras con rayos X, fluorescencia y microquímica descartan la posibilidad de que se haya usado pintura para la formación de la imagen. Los análisis con ultravioleta e infrarrojos confirmaron estos estudios. El tratamiento de mejora de la imagen por ordenador y el análisis por el conocido como analizador de imagen VP-8 mostró que la imagen tenía una información tridimensional única codificada en ella. El análisis microquímico ha indicado que no hay evidencia de ningún pigmento, aceite o sustancia bioquímica producida por el cuerpo en vida o muerto [capaz de producir la imagen]. Está claro que ha sido el contacto directo del cuerpo con la Síndone la que explica algunas de las características, como las marcas de los azotes, al igual que la sangre. Sin embargo, mientras que este contacto [directo] explicaría algunas de las características del torso, es totalmente incapaz de explicar la imagen de la cara con su alta resolución que ha sido ampliamente demostrada por fotografía. El principal problema desde un punto de vista científico es que algunas explicaciones que serían aceptadas desde un punto de vista químico son rechazadas por los físicos. Al contrario, algunas explicaciones físicas tentadoras son completamente rechazadas por los químicos. Para una explicación adecuada de la imagen de la Síndone, uno debe tener una explicación científicamente válida desde un punto de vista físico, químico, biológico y médico. En el presente, este tipo de solución no parece ser asequible a pesar del mayor esfuerzo de los miembros de este equipo [Shroud Team]. Además, los experimentos físicos y químicos realizados con lienzos antiguos han fracasado a la hora de reproducir adecuadamente el fenómeno presente en la Síndone de Turín. El consenso científico es que la imagen se produjo por algo que tuvo como consecuencia la oxidación, deshidratación y conjugación de la estructura de los polisacáridos de las microfibras de la sábana. Tales cambios pueden ser duplicados en el laboratorio por ciertos procesos químicos o físicos. Un tipo de cambio parecido en un lienzo se puede obtener con ácido sulfúrico o calor. Sin embargo, no hay métodos químicos o físicos conocidos capaz de dar cuenta de la totalidad de la imagen; ninguna combinación de circunstancias físicas, químicas, biológicas o médicas puede explicar la imagen adecuadamente. Así, la respuesta a la cuestión de cómo se produjo la imagen o qué produjo la imagen es ahora, como en el pasado, un misterio. Podemos concluir por ahora que la imagen de la Síndone es la de una forma humana real de un hombre azotado y crucificado. No es resultado de un artista. Las manchas de sangre están compuestas de hemoglobina y también dan positivo en el test de seroalbúmina. La imagen es por ahora un misterio y hasta que se realicen otros estudios químicos, quizás por este grupo de científicos, o quizás por otros científicos en el futuro, el problema permanece sin resolver.
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Traducción del original en inglés
A Summary of STURP’s Conclusions.

En la Síndone de Turín, por tanto, no hay pigmento de ningún tipo. Es, por el contrario, un objeto único que contiene una imagen única. La imagen presenta propiedades de negativo fotográfico, propiedades de la imagen de la estructura del cuerpo (esqueleto, partes internas) y propiedades de codificación de escala de grises tridimensional. No es «ninguna de estas cosas» y presenta aspectos «de todas ellas» y más.

Quien considere la imagen de la Síndone como una obra de arte de algún tipo, debe también preguntarse cómo y por qué un artista «encajó», por ejemplo, información tridimensional en el sombreado gris de la imagen o por qué no se obtiene este resultado en el análisis de otros trabajos. O por qué querría el artista hacer solamente uno de tales trabajos que requieren tan especial habilidad y talento y no transmitir esta técnica a otros. O cómo pudo el artista controlar la calidad del trabajo cuando este artista no podía “ver” la escala de grises como elevación: ¿pudo el artista crear este resultado antes de que el dispositivo para mostrarlo fuera inventado? Es inverosímil que en el siglo XIV fueran comprendidas las propiedades de los negativos fotográficos. Es igualmente inverosímil que un modelo tridimensional de información de escala de grises fuera entendido en el siglo XIV.

Por tanto, es sumamente inverosímil que la Síndone sea un trabajo de «engaño» o «falsificación» de cualquier tipo. Ningún método, ningún estilo y ninguna habilidad artística que se conozca pueden dar lugar a imágenes que tengan las mismas propiedades fotográficas y fotogramétricas que tiene la imagen de la Sábana [1].

Por otro lado,  el conjunto de estudios médicos, arqueológicos, químicos y físicos apuntan a la conexión directa entre el lienzo de Turín y Jesús de Nazaret. No hay otra posible razón de que ese lienzo exista, de que contenga la información que en él se observa, de que se haya conservado y venerado durante siglos. Del hecho innegable de que nadie haya podido reproducir esta imagen, ni explicarla por proceso alguno conocido, ¿no nos lleva finalmente a plantearnos la posibilidad de que lo que hallamos en la Síndone sea el resultado de un hecho único en la historia, la muerte y resurrección de Jesús? [2].

Y. DELAGE, médico agnóstico: «Si el hombre de la Síndone se hubiera tratado de Sargón, de Aquiles o de un faraón, a nadie se le habría ocurrido poner objeciones» [3]

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