Imágenes de plantas
en la Síndone

En 1983, un profesor de física alemán llamado O. Scheuermann escribió a A. D. Whanger hablándole de la existencia de imágenes de flores en la Síndone. En aquel momento, Whanger no pudo ver nada [1].

En 1985, Whanger percibió la imagen de una flor cerca de la cabeza del hombre de la Síndone. Lo hizo en unas fotografías de alta calidad que le había facilitado el P. Francis Filas. La identificó como un Chrysanthemum coronarium.

Chrysanthemum identificado por A. D. Whanger en la zona de la cara de la Síndone.

Él y su esposa Mary («los Whanger») pronto comenzaron a ver muchas otras imágenes de flores y plantas en la Síndone. En 1986, Whanger comenzó a identificar esas imágenes con la ayuda de la obra Flora Palaestina de M. Zohary. En 1989 habían identificado —tentativamente pero, según ellos, con una certeza razonable— 28 especies diferentes de plantas.

En 1995, los Whanger visitaron en Jerusalén a uno de los mayores expertos botánicos de Israel: el Prof. Avinoam Danin de la Universidad Hebrea de Jerusalén (ver aquí). Le mostraron algunas de sus fotografías en las que podían apreciarse imágenes de flores en la Síndone y, segundos después de mirarlas, Danin exclamó: «¡Son flores de Jerusalén!». Danin, por su parte, viajó en 1997 a Carolina del Norte (USA) para visitar a los Whanger y, tras estudiar sus fotografías, confirmó la mayoría de sus identificaciones (22 de las 28 plantas que ellos habían identificado).
 

Indicadores geográficos
incluso temporales

En su Flora on the Shroud of Turin de 1999, A. Danin enumera imágenes de 16 especies de plantas que habría encontrado en la Síndone. En realidad encontró “cientos” de imágenes de flores y plantas en la Síndone, pero se interesó especialmente por aquellas que podían constituirse en indicadores geográficos, puesto que se hallarían sólo en Israel y Jordania y especialmente en Jerusalén. Ya en su visita a los Whanger en 1997, Danin había apreciado en las fotografías imágenes de hojas de Zygophyllum dumosum, un indicador geográfico muy importante, porque las hojas frescas de esa planta sólo podían haber sido llevadas a la Síndone desde Israel, Jordania Occidental o el Sinaí. Del mismo modo, la Gundelia tournefortii, cuya imagen también habría encontrado en la Síndone, crece en el Medio Oriente. Por su parte, la Cistus creticus, cuya imagen también estaría en la Síndone, crece en el Mediterráneo en el oeste de Israel con un límite del desierto al este de Jerusalén.

Por si fuese poco, además de indicadores geográficos, algunas de las flores identificadas por Danin serían también indicadores temporales: Zygophyllum dumosum, según la etapa de floración en que se observa, fue cortada entre los meses de diciembre y abril, cuando ambos tipos de hojas y flores se encuentran juntas en la planta; el estado de floración del Chrysanthemum coronarium es de marzo a mayo; el de Capparis aegyptia, de diciembre a abril; el de Cistus creticus, de marzo a junio, y Gundelia tournefortii, de marzo a mayo.

Consecuencias
de estos hallazgos

Las conclusiones de los hallazgos de Alan y Mary Whanger y de Avinoam Danin serían, de ser ciertas, no sólo sorprendentes, sino verdaderamente taxativas, incluso definitivas. Veamos las consecuencias que se derivarían de sus conclusiones:

  • Los hallazgos de estas plantas en la Síndone vendrían a confirmar los estudios palinológicos realizados por Max Frei años antes, pero ya planteamos serias reservas a las conclusiones del Prof. Frei (ver Polen).

  • Del hallazgo de imágenes de plantas con valor de indicadores geográficos (Zygophyllum dumosum, Gundelia tournefortii y Cistus creticus) se deduciría que el único lugar del mundo donde las personas pueden traer partes frescas de las tres especies es el área entre Jerusalén y Hebrón, que distan apenas 32 kilómetros.

  • Del hallazgo de imágenes de plantas con valor de indicadores temporales, se deduciría que todos esos períodos de floración tendrían en común el período comprendido entre marzo y mayo, cuando habría tenido lugar la Pascua y, también, la crucifixión de Jesús (¡!).

  • Finalmente, todos estos hallazgos descartarían que la Síndone fuese obra de un falsificador medieval, que no habría sabido de flores y plantas de Oriente Medio, y mucho menos las había representado (¡incluso partes de plantas!) con precisión y realismo para botánicos modernos. Ese falsificador medieval tampoco habría sabido acerca de los patrones de distribución geográfica de algunas de esas plantas alrededor de Jerusalén, ni de sus tiempos de floración.
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VÍDEO. A. D. Whanger y A. Danin hablan sobre las supuestas imágenes de flores y plantas en la Síndone y de su valor como indicadores geográficos. Documental In pursuit of the Shroud (R. Aaronson, 1998). En español.

No sólo plantas
Más hallazgos de Whanger

Aparte de las supuestas imágenes de flores y plantas, confirmadas posteriormente por el experto botánico A. Danin, los Whanger habrían estudiado cada centímetro cuadrado de las fotografías de la Síndone, de cerca y a distancia, buscando áreas donde su apariencia diferiría de algún modo del área circundante: formas que no siguieran el patrón del tejido, alteraciones en la textura o densidad de imagen, o direcciones o configuraciones inusuales.

Fue así como afirmaron haber descubierto también en la Síndone imágenes de algunos de los instrumentos que estarían vinculados con una crucifixión: cajas con filacterias (fragmentos de la Escritura), una en la frente y la otra en el brazo izquierdo; un amuleto de Tiberio César; un cavo de la crucifixión y otros dos clavos pequeños; una lanza romana; una corona de espinas; una esponja atada a una caña; un martillo grande; un par de alicates; dos flagelos romanos; dos sandalias, dos escobas, un par de dados, un rollo de cuerda, varias letras del título de condena y posiblemente imágenes parciales de la capa y la túnica. Todos estos objetos, según Whanger, habrían sido colocados dentro de la Síndone en el momento del entierro, quedando impresos en la tela de la misma manera que el cuerpo (¡!).

Arriba: Esquemas de A. D. Whanger sobre las supuestas imágenes, halladas por él en la Síndone, de una lanza, clavos y una esponja. Abajo: Según Whanger, el hombre de la Síndone llevaría sobre su frente un ‘cajetín’ con filacterias; siempre según Whanger, y como puede verse en la imagen, el hombre de la Síndone habría sido sepultado rodeado de objetos y de flores (derecha).

Importantes objeciones
a los hallazgos de Whanger-Danin

Existen serias dificultades a la hora de aceptar la presencia de imágenes de flores y plantas en la Síndone, más aún para las imágenes de otros objetos como una lanza o unos clavos. Podríamos enumerar las siguientes objeciones:

  • Como ya dijimos a propósito de la supuesta presencia de imágenes de monedas sobre los ojos del hombre de la Síndone (ver Monedas), apoyándonos en el juicio del fotógrafo Barrie M. Schwortz [2] esas “imágenes” serían formaciones de gránulos fotográficos, causados por el recopiado y aumento de estructuras granulares de la antigua generación de fotografías. Esta agrupación de granos es muy común en películas de alto contraste o de aumento de contraste, copiadas a lo largo de muchas generaciones. Avinoam Danin confiesa, sin embargo, haber hallado semejantes formaciones en imágenes de V. Miller de 1978 [3], incluso a simple vista (¡!) [4].

  • Más aún, como muestra P. Di Lazzaro en un excelente trabajo, ¿no estarían asociadas estas imágenes al fenómeno conocido como pareidolia?  [5]. Son tan subjetivas las imágenes que pueden verse, que se conseguirían puntos de coincidencia para prácticamente cualquier cosa que uno buscara a partir de una formación granular muy aumentada [6].

  • El modo de adecuación de las imágenes encontradas por los Whanger respecto a las plantas y objetos con los que vendría a asemejarlas, está basado en lo que denominaron “puntos de congruencia” (PC). Como destaca con claridad E. S. Jones [7], habría muchas objeciones a este sistema: que en esencia es subjetivo y no hay un método estadístico para validar dichas observaciones; que no hay fotografías de esos supuestos puntos de congruencia para que otros puedan ver por sí mismos y con evidencia que son verdaderamente congruentes; que la falta de realismo de algunos de sus hallazgos y afirmaciones es evidente, etc.

  • Marzia Boi, una experta botánica y palinóloga de la Universidad de Baleares que recientemente ha hecho unos sorprendentes hallazgos sobre pólenes presentes en la Síndone (ver Polen), y publicado el estudio en una revista científica [8],  se ha mostrado extremadamente crítica con estos “descubrimientos”: «Danin prefiere perseguir sus investigaciones sobre las fantasiosas imágenes de las mismas plantas de la Síndone que ve dibujadas y reflejadas sobre el lienzo… resultados carentes de validez científica y asociados al fenómeno de la pareidolia» [9].

  • Por último, en caso de existir algunas de estas imágenes, ¿qué proceso de formación tuvieron esas supuestas imágenes de monedas? ¿Participaron del proceso de formación de la imagen del cuerpo?

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