Los Evangelios
¿Son fiables?

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VÍDEO. El testimonio de los Evangelios goza de una gran verosimilitud. De hecho, los Evangelios Canónicos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) representan el texto mejor documentado que nos ha legado la antigüedad, el relato más fiel de la historia antigua.

«¿Es verdad lo que nos cuentan los Evangelios o son todo leyendas populares?». «¿Entre Jesús y Júpiter hay alguna diferencia? ¿O los dos son igualmente mitos?». En el pasado, la gente creía sin problemas. Hoy los tiempos han cambiado y sólo el análisis científico de los textos nos permite diferenciar las leyendas y supersticiones del saber auténtico. La proclamación de los textos sagrados ya no es suficiente: es imprescindible el estudio del valor histórico de los Evangelios, capaz de responder a objeciones y críticas [1].

El evangelista Lucas, al inicio de su Evangelio, dice referir los hechos: «… como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo he resuelto escribírtelos… después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido (Lc 1, 1-4).

Pero, ¿tenemos pruebas convincentes de ese testimonio directo? Para que resulten creíbles esos testimonios frente a la cultura iluminista y científica de nuestro tiempo, resulta necesario asentarse en tres pilares que sostienen el valor histórico de los Evangelios:

  1. Primer pilar: ¿El texto actual es idéntico al original? Existe una extraordinaria cantidad y antigüedad de los manuscritos que, por su concordancia, garantizan la fidelidad de la transmisión: 5.300 manuscritos griegos, 8.000 manuscritos latinos, 2.000 ó 3.000 traducciones en lenguas antiguas como el armenio, el sirio o el copto… ¡un conjunto de más de 15.000 manuescritos, que hacen que se trate del texto más documentado de la historia antigua! Podemos estar seguros de que los Evangelios que leemos hoy son verdaderamente los escritos en los orígenes del cristianismo.

  2. Segundo pilar: ¿Es un texto de primera mano? El estudio filológico del texto original griego revela claramente su origen arameo y hebreo, las lenguas habladas por Jesús, lo que garantiza que los autores han aportado un testimonio de primera mano. El texto se atuvo a los testigos oculares directos de la predicación de Jesús, testigos fieles a su mensaje originario y a veces incluso a sus mismas palabras. La fiabilidad no sólo se extrae a partir de la filología, sino que es valorada también por el hecho de que muchos de ellos murieron como mártires precisamente por no renegar de lo que habían escrito. Respecto a la fiabilidad de los autores, un pueblo entero había sido testigo de los hechos narrados en los Evangelios: el texto no habría podido sostenerse si no relatasen hechos verídicos.

  3. Tercer pilar: ¿Es fiable la narración de los Evangelios? Tras superar la hipótesis crítica y mítica, gracias a los descubrimientos papirológicos y a los estudios filológicos, la concatenación de los hechos narrados exige aceptar la integridad del testimonio evangélico: todos los historiadorres están de acuerdo en que lo primero fue la derrota de la cruz y está ante los ojos de todos el “después”, la difusión entusiasta del alegre mensaje. Un cambio enorme que no se podría comprender sin las apariciones del Resucitado de las que da testimonio el Evangelio. Aquí ha de añadirse como criterio de credibilidad que todos los testimonios partían desde el miedo, la desilusión y la dispersión. Los evangelistas transmiten lo que ni siquiera ellos llegan a comprender, contando hechos embarazosos que habrían podido callar para hacer más verosímil el mensaje. Por si fuese poco, no sólo existen testimonios cristianos: existen también testimonios directos de los hechos, que garantizan una documentación “laica” de los hechos (Plinio el Joven, Tácito, Suetonio, Bar Serapión, Flavio Josefo, etc.).
Podemos decir, por tanto, que está atestiguado que el relato que nos ofrecen los Evangelios goza de una gran verosimilitud.
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