El siguiente texto es parte del artículo “La Sábana Santa desde el punto de vista de la física” (puede leerse íntegramente aquí), cuyo autor es Manuel M. Carreira, sacerdote jesuita, licenciado en Filosofía y Teología, Máster en Física y Doctor en Física. Su tesis estuvo dirigida por el Dr. Clyde Cowan, co-descubridor del neutrino y Premio Nobel de Física. El Dr. Carreira ha sido durante quince años miembro de la junta directiva del Observatorio Vaticano y ha trabajado en varios proyectos de desarrollo tecnológico en el área aeroespacial, financiados por la NASA.

Es bien conocido de todos el resultado que se anunció en 1988: tres laboratorios distintos [el Research Laboratory for Archaeology and the History of Art de Oxford; el ETH de Zürich; y la University of Arizona en Tucson] afirmaron conjuntamente que la técnica de datación por el C14 indicaba que el lienzo de Turín era del siglo XIV, aproximadamente de aquella época en que tenemos testimonios históricos de su existencia en Francia. La reacción inmediata de los medios de comunicación, e incluso de medios eclesiásticos, fue el declarar el tema zanjado, y negar toda posible conexión de la Sábana con la crucifixión de Jesús catorce siglos antes.

Cortado de un fragmento de la Síndone para su datación por el Carbono 14 (1988).
Creo, como físico, que la reacción fue prematura, precipitada y excesiva. No es la primera vez, ni será la última, en que un dato discordante deja perplejos a los investigadores durante un tiempo. Podemos recordar que, a principios de siglo, la duración del Sol por los procesos conocidos de producción de energía era totalmente incompatible con la edad de la Tierra y de sus rocas, con vestigios claros de vida muy anterior a la edad calculable para nuestra estrella. También la edad del universo según los datos de Hubble en los años 30 era inferior a la edad de las rocas terrestres, y hoy vuelve a presentarse el problema con edades de estrellas que parecen exceder los cálculos más aceptados de la expansión desde el Big Bang inicial. En cada caso, fue necesario recalibrar los métodos de datación o ampliar los procesos físicos a tener en cuenta. Pero en ningún caso se negó o consideró sin valor ninguno de los datos científicos por el hecho de estar en conflicto. Lo mismo ha ocurrido en el campo de la física de partículas, con problemas tan serios como la aparente no-conservación de masa y energía (que llevó a predecir y descubrir el neutrino) o, en la actualidad, con la falta de neutrinos solares, que nos fuerza a una revisión de enorme alcance en nuestras teorías de reacciones nucleares en las estrellas o en las propiedades de partículas elementales.

A continuación queremos transcribir las palabras del Prof. Luigi Gonella (del departamento de física del Politecnico di Torino), que acompañaba al Card. Ballestrero -custodio de la Síndone- en la famosa rueda de prensa del 13 de octubre de 1988:

«Creo que es la primera vez que unos laboratorios ofrecen sus servicios al propietario de un objeto, y no al revés. Lamento que descartasen la posibilidad, que se les ofreció, de una investigación conjunta con los otros especialistas. [Es decir, que no hubo ningún tipo de control externo sobre los laboratorios durante las pruebas]. Y no se puede hablar de costo del proyecto, puesto que los laboratorios han renunciado a sus honorarios, ya que pensaban que la publicidad era suficiente recompensa. Para nosotros no se trata en absoluto de un capítulo cerrado sino de una etapa más en nuestros trabajos sindonológicos. El problema de la fecha es importante, pero colateral, porque lo que científicamente sigue sin aclararse es cómo ha llegado a formarse la imagen en el lienzo. Tecnológicamente, es un objeto misterioso. Desde luego, absolutamente fuera de contexto en la Edad Media. Pero, aunque hubiésemos encontrado en la reliquia un certificado de Poncio Pilatos asegurando que se trataba del lienzo funerario que envolvió a Jesús de Nazaret… la cuestión de la formación de la imagen seguiría abierta».

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Cf. J. DE PALACIOS CARVAJAL, La Sábana Santa. Estudio de un cirujano, Madrid 2007, p. 216.

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La ciencia avanza resolviendo problemas, no negándolos. Por sobreponerse al “sentido común” con sus obvias conclusiones, Einstein nos dio la relatividad. La mecánica cuántica, a pesar de su éxito indudable, sigue desafiando todas nuestras nociones de realidad y de lo que “debe” suceder; hasta el punto que se llega a decir en libros de texto que no debemos preguntarnos cómo pueden las cosas ser realmente así, si es que queremos avanzar en nuestro estudio. Siempre es de temer que nuestras simplificaciones de problemas para hacerlos solubles nos dejen con la impresión falsa de que hemos tenido en cuenta todos los factores importantes.

En el caso de dataciones por el Carbono 14 es bien conocido el hecho de que se dan resultados discordantes con cierta frecuencia, y que un solo dato no es suficiente para tener seguridad. Necesitamos saber con precisión la cantidad (porcentaje) de átomos radiactivos en la muestra inicial, las posibles causas de contaminación y su influjo relativo, y el porcentaje final a esperar después de un tiempo dado. Con esta base, se compara el resultado de medidas (número de átomos radiactivos en la muestra) con lo que predice la teoría para cada período de tiempo, y así se infiere la edad. Pero no es fácil establecer con precisión la historia de un objeto y de su entorno para eliminar causas de error.

Un ejemplo puede aclarar lo expuesto. Si yo entrego a un laboratorio un trozo de rama de árbol, todavía verde, espero que el resultado del C 14 indique una edad cero con respecto a la fecha actual, pues la rama estaba aún viva al cortarla del árbol. Si se me dice que el contenido de C 14 corresponde a una edad de hace miles de años, tendré que encontrar una razón para lo que es claramente una fecha equivocada, pero no negaré que la rama estaba viva hace unos días. En este ejemplo podemos sugerir una respuesta: si el árbol crecía en un ambiente cargado de CO2 de combustibles fósiles (carbón o petróleo), su porcentaje de C 14 será tan mínimo que una interpretación obvia llevará a edades prehistóricas. Lo contrario podría ocurrir si la muestra, aun realmente muy antigua, se contaminase con material carbonáceo moderno.

En el caso del lienzo de Turín se ha hecho notar que las pequeñas muestras analizadas se extrajeron del borde de la tela, en una zona donde se han hecho reparaciones relativamente recientes (en los últimos siglos), y donde es muy probable que los hilos no sean exclusivamente parte del tejido original. Hasta qué punto es esto así, no puede decidirse a posteriori: los hilos se destruyen en el proceso de medida, y otros hilos que aún se conservan pueden sugerir que hubo una mezcla, pero no lo prueban ni lo niegan. Realmente sería muy deseable obtener muestras de una zona totalmente libre de otra tela o hilo extraño al lienzo, posiblemente de una parte casi central, pero lejos de los remiendos que cubren las quemaduras de 1532, así como de las otras quemaduras claramente visibles.

Contaminación por contacto con otros materiales puede también introducir C 14 moderno en las muestras. Uno de los requisitos más importantes del método experimental de datación es la más completa limpieza posible, utilizando solventes orgánicos e inorgánicos que no afecten a la celulosa pero sí a cualquier adherencia. Suponemos que este cuidado se dio en el caso de la Sábana, y que no hubo ninguna materia extraña en la cámara de combustión al quemar los hilos para producir el CO2 que luego pasa por el espectrómetro de masas.

Pero tal limpieza completa no puede suponerse automáticamente sin hacer pruebas, aun microscópicas. Queda todavía la posibilidad de algún tipo de contaminación externa resistente a todo lavado normal, o de alguna reacción química que incorpore C 14 moderno a la estructura de la celulosa, en forma permanente e indistinguible de su composición original. Ambos tipos de contaminación de la Sábana han sido afirmados por autores dignos de crédito, aunque -sin tener acceso a su datos- no creo posible evaluar correctamente la importancia de tales efectos.

Dejando a un lado propuestas explicativas que se apoyan en procesos naturales y reproducibles, nos vemos ante hipótesis de tipo excepcional, no susceptibles de verificación en el laboratorio, y que suelen ir unidas a supuestos modos de formación de la imagen por un hecho sobrenatural. En una forma u otra se sugiere que cualquier proceso desconocido capaz de afectar al lienzo con una energía que causó la imagen, pudo también alterar la tela en su estructura atómica, aumentando el contenido de C 14.

Resumiendo todo lo dicho: en el supuesto de que la datación por radiocarbono ha sido llevada a cabo en forma profesional y totalmente digna de crédito (aunque con fallos metodológicos bien conocidos y que no tengo que discutir), es necesario encontrar una explicación de que su resultado esté en contradicción obvia con lo que se deduce de todos los demás estudios de la Sábana.

El problema permanece todavía sin resolver.

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